Hemos llegado a las 7 de la mañana a Ezeiza, aeropuerto internacional de Buenos Aires, pero como hemos dormido bien y estamos muy emocionados con este viaje, creemos no estar cansados.
Vemos, por primera vez, un semáforo a la hora de coger las maletas. Me explico: cuando has recogido las maletas y antes de salir a la terminal, te las hacen poner en una cinta con un semáforo, si te toca rojo, a abrir la maleta toca..... nosotros hemos tenido suerte y nos ha salido verde.
Mertxe y Diego han venido a buscarnos (eso que les dijimos que tranquilos, que los primeros 9 días teníamos organizadado todo) y nos ha hecho una ilusión loca.
Nos han llevado a Entreríos-Colón, una población de +/- 380 kilómetros, donde hemos conocido a Eulogia (hermana de Mertxe), su marido Mario y parte de la familia: Valeria, María... donde hemos comido y pasado una tarde preciosa.
Aquí véis a los tres primos:
(Eulogia y Mario en la puerta de su casa)
(toda la "banda")
Antes de marcharnos hemos visitado una tienda de gemas (que extraen del propio Colón) y Eulogia nos ha regalado un par. Nos hemos despedido hasta la fiesta familiar, que sabemos que Mertxe ha organizado, a la que iremos antes de volver a casa y hemos puesto rumbo a Buenos Aires a las 6.30 de la tarde.
Hemos parado en un restaurante, donde Diego y Mertxe nos han invitado a una parrilada de las que hacen historia: chinchulines, mollejas, carne sabrosísima, bife chorizo (nuestros solomillos)... y hemos salido llenísimos, pero encantados.
Al llegar a la capital, Mertxe nos ha enseñado su apartamento (gigantesto y de una sola habitación) en el centro de la ciudad y hacia la una de la madrugada nos hemos ido a dormir al hotel (De la Paix), donde hemos sido conscientes de la trotina que llevamos en el cuerpo.
Mañana salimos, mejor dicho, dentro de unas horas salimos rumbo a Iguazú, así que no hemos hecho nada más.


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